02 setembro 2026
31 agosto 2026
Funerais de Harald de Noruega
En la Capilla del Palacio se celebrará un servicio conmemorativo privado para la familia del rey Harald, los miembros de su Casa y el personal de ayudantía. Este mismo traslado del féretro desde el Salón Rojo hasta la Capilla del Palacio ya se llevó a cabo en 1991, tras la muerte del rey Olaf V. Mañana, a las 16:00 horas, el féretro del rey Harald será trasladado desde el Salón Rojo hasta la Capilla del Palacio, donde permanecerá hasta el día del funeral. La capilla del castillo estará abierta al público desde el martes 1 de septiembre, a partir de las 14:00 horas, hasta el día anterior al funeral, a las 18:00 horas, para que quienes lo deseen puedan acercarse a presentar sus respetos y despedirse del rey Harald.
El féretro será llevado en procesión por los hijos y nietos del rey Harald, atravesando el Salón Amarillo, el Salón de los Espejos, el Comedor Diario, el Pequeño Salón de Banquetes y el Gran Salón de Banquetes. La Reina y la reina Sonja también formarán parte de la procesión, que estará encabezada por el jefe de gabinete del rey. Él llevará la corona real sobre un cojín, mientras que el jefe de la Secretaría Real portará la espada real. Otros miembros de la dirección de la Casa Real llevarán las principales órdenes y condecoraciones noruegas, danesas, suecas y británicas del rey Harald. Los empleados de la Casa Real formarán un pasillo a lo largo de las distintas salas del Palacio y se incorporarán a la procesión una vez que haya pasado el féretro. Al llegar al Gran Salón, el personal de ayudantía se hará cargo del féretro y lo acompañará hasta la Capilla del Palacio. Allí será colocado sobre un catafalco cubierto de terciopelo y rodeado por las coronas y corazones de flores de la familia. La corona real y la espada nacional se colocarán sobre el féretro, mientras que las condecoraciones quedarán a sus pies. En la Capilla del Palacio se celebrará un servicio conmemorativo privado para la familia del rey Harald, los miembros de su Casa y el personal de ayudantía. Este mismo traslado del féretro desde el Salón Rojo hasta la Capilla del Palacio ya se llevó a cabo en 1991, tras la muerte del rey Olaf V.28 agosto 2026
06 abril 2026
Pésima compañía
09 decembro 2025
Proclamación da República
La terrible noche de la Reina Victoria Eugenia en el Palacio Real antes de partir al exilio
Doce horas después que el Rey, Victoria Eugenia abandonó con sus hijos la que había sido su casa durante 25 años; lo hizo por la Puerta Incógnita mientras la muchedumbre republicana gritaba «mueras» en la Plaza de Oriente
La noche del 14 al 15 de abril de 1931 nadie consiguió dormir en el Palacio Real. Los canarios estuvieron cantando toda la madrugada porque las lámparas se habían quedado encendidas, según las crónicas de la época. Tras la proclamación de la República, una multitud enfervorizada había invadido la plaza de Oriente gritando «mueras» y otras consignas amenazadoras para la Familia Real.
El Rey había partido al exilio pasadas las ocho y media de la tarde del día anterior y, doce horas después, lo haría la Reina Victoria Eugenia con cinco de sus seis hijos, porque Don Juan estaba en la Academia Naval de San Fernando. Se decidió que partieran separados por razones de seguridad y el Rey había dado instrucciones la víspera a su servidor, Luis de Asúa: «Luis, prepárame todo para marcharme a las ocho, y da órdenes para que mañana, en el rápido de Irún, enganchen el coche real y se vayan la Reina y los chicos», según relató el propio Alfonso XIII al periodista Julián Cortés Cavanillas.
El mayor de los hijos, el Príncipe de Asturias, de 24 años, se retorcía de dolores en su cama, con «el hombro monstruosamente hinchado, tumefacto por la hemorragia interior», víctima de un ataque provocado por la hemofilia que le había transmitido su madre.
«No dormimos mucho»
La Reina pasó aquella noche en el cuarto de estar de las Infantas, con su hija Cristina, de 19 años. «Mi chica pequeña tenía miedo y se quedó conmigo. Beatriz, la mayor, se quedó en su cuarto de arriba. ¡No dormimos mucho aquella noche, como te puedes figurar!», contó años después la propia Victoria Eugenia al periodista Marino Gómez Santos.
Hacía poco más de 25 años que ella había llegado a Madrid desde Inglaterra como la Princesa Ena y se había convertido en la Reina de España. Esa era su última noche en la que había sido su casa y donde habían nacido y crecido la mayoría de sus hijos. Aunque había vivido momentos felices, no podía decir que allí había sido feliz.
En el momento en que el Rey salió del palacio por la Puerta Incógnita, que da al Campo del Moro, se retiró la guardia exterior, y el palacio quedó indefenso ante una masa humana que gritaba enloquecida. Para su protección solo quedaban 25 hombres de los Húsares de Pavía en el Patio de la Armería y otros 25 de un zaguanete de Alabarderos en las habitaciones. Tres individuos treparon como monos por la fachada hasta el balcón principal, ataron una bandera republicana y volvieron a descender. Dentro del palacio, se pensaba qué hacer si la muchedumbre rompía las puertas o entraba por las ventanas.
«Estamos en revolución»
A las cinco de la mañana, un amigo del Rey, Joaquín Santos Suárez, consiguió acceder al palacio y pidió hablar urgentemente con la Reina: «Me puse una bata y salí a mi boudoir (tocador, recibidor). Entró al instante ese señor y me dijo: 'Estamos en revolución'. Era imposible, según aseguraba, que fuéramos a la estación (del Norte, actual Príncipe Pío), de manera que deberíamos salir por la Puerta Incógnita y, desde allí, a la carretera para tomar el tren en El Escorial. Insistió en que, si no lo hacíamos así, nuestras vidas correrían peligro».
Poco después, la Reina se arregló para el viaje. Mientras se vestía con un traje azul y preparaba su sombrero de viaje, seguía oyendo los gritos de la muchedumbre, que ahora se dirigía a la Estación del Norte. Coches y camiones llenos de gente con banderas republicanas pasaban una y otra vez frente al Palacio Real.
Misa en palacio antes de partir
A las siete de la mañana el capellán Urriza dijo misa en palacio, ayudado por el Infante Don Gonzalo, de 17 años, a la que asistió la Reina con todas las personas que se habían quedado con ella. Después del desayuno, tuvo lugar la dolorosa despedida. Victoria Eugenia se despidió de los amigos íntimos que se habían acercado a acompañarla, de sus damas y colaboradores, del personal de palacio y de la servidumbre: ayudantes de cámara, mozos de comedor, amas de llaves, alabarderos, soldados... Todos pasaron a despedirse.
El Príncipe de Asturias regaló sus ahorros a su criado personal y repartió sus alhajas entre el personal. «De España yo no saque nada el 14 de abril más que el traje que tenía puesto, una pitillera y un reloj de pulsera. Pero en dinero, ni un céntimo», recordaba después.
«A las ocho de la mañana me fui con mis hijos hacia El Escorial en distintos coches. Los chóferes iban sin librea y con boinas», contó la Reina. Al Príncipe de Asturias, terriblemente dolorido, le llevó su mecánico, Paco, en brazos hasta el automóvil, y su perro, «Peluzón», saltó al vehículo tras el amo. «Cuando me sacaron de Palacio, más que un ser humano, yo era un fardo inútil», apuntaba el Príncipe años después. «Lo más horrible y angustioso era la sensación en algunos momentos de considerar a mí mismo con un lastre, como un estorbo desgraciado que a todos entorpecía».
En el segundo vehículo se subieron la Princesa Beatriz de Coburgo, prima e íntima amiga de la Reina, con sus dos hijos, que acompañaron a Victoria Eugenia de la misma forma que su marido, el Infante Alfonso de Orleans, había acompañado al Rey. En el tercer coche, el Infante Don Jaime, sordo, con sus profesores; detrás, Don Gonzalo, con los suyos. Y en el último, la Reina con las Infantas Beatriz y Cristina.
«Cuida de mi Cruz Roja»
Justo antes de subir al coche, Victoria Eugenia pidió a una de sus damas que había acudido a despedirla: «Cuida de mi Cruz Roja», institución que ella había impulsado y modernizado. Y también pidió que cuidaran de sus perros, a los que no podía llevarse.
Los vehículos se dirigieron hacia El Escorial, pero como no querían llegar a la estación con demasiada antelación para evitar altercados, decidieron hacer una parada en Galapagar, donde también se detuvieron los coches de las personas que se habían sumado a la despedida. La Reina se sentó en una roca en medio del campo y habló con algunos, entre ellos, Pilar y José Antonio Primo de Rivera.
En la estación, la Reina y sus hijos se subieron en un vagón con el escudo real y así cruzaron la España republicana hasta Ávila, donde empezaron a salir llamas de las ruedas y se trasladaron a un vagón normal en el que no tenían sitio, pero algunos viajeros les cedieron sus asientos.
Reencuentro en París
En la mañana del 16 de abril, Victoria Eugenia llegó con sus hijos al Hotel Le Meurice, de París, donde horas después llegó el Rey procedente de Marsella, pero a esas alturas no quedaba ya nada del amor que habían sentido el uno por el otro.
Así empezaba un largo y doloroso exilio en el que la Reina solo regresó una vez a España, en 1968, con motivo del bautizo de su bisnieto, el actual Rey Felipe VI. El Rey Alfonso solo pudo regresar 39 años después de su muerte, una vez restaurada la Monarquía en España, para unir sus restos mortales con los de sus antepasados en el Monasterio de El Escorial.
Artigo de Almudena Martínez-Fornés en El Debate, aquí
25 novembro 2025
12 xuño 2025
Conversión
King Alfonso XIII of Spain with his fiancée Princess Victoria Eugenie of Battenberg (later Queen of Spain), his mother Queen Maria Cristina and Ena’s mother Princess Beatrice (Princess Henry of Battenberg) outside Miramar Palace during Ena’s conversation to Catholicism, 1906
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Templete
20 setembro 2024
Anedotas portuguesas
Faz parte de uma colecção de anedotas, do século XVI, isto é, de historietas que circulavam na corte. São relatos cómicos e morais acerca dos mais diversos acontecimentos da época, envolvendo reis, nobres, fidalgos ou gente comum. É uma fonte excelente para conhecermos melhor a corte portuguesa. Este manuscrito foi publicado por Lund, em 1980 (aqui na foto), e pode ser visto online, aqui:




















