20 xullo 2026
20 marzo 2025
02 febreiro 2025
Odisea de Homero
Versión española renacentista de la «Odisea», traducida en 1550 del griego por Gonzalo Pérez, secretario del emperador Carlos V, padre de Antonio Pérez, secretario de Felipe II.
24 xullo 2023
Despedida de Héctor (Ilíada: canto VI)
“A ella a su vez le dijo el gran Héctor, el de resplandeciente casco:
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| Karl Friedrich Deckler: Héitor despídese de Andrómaca e Astianaque (ca. 1918) |
15 xullo 2022
Ulises e Argos (Odisea, XVII, 290-327)
«Eumeo, que raro que este can estea tirado entre o esterco. O seu corpo é fermoso, aínda que ignoro se, ademais de fermoso, era rápido na carreira ou, pola contra, era coma eses cans faldreiros que crían os seus amos por pracer.»
E, contestándolle, dixo o porqueiro Eumeo:
«Este can era dun home que morreu lonxe de aquí. Se o seu corpo e obras foron coma cando o deixou Ulises ao marchar a Troia, admirarías ao contemplalo a súa rapidez e vigor, xa que nunca saía fuxindo de ningunha besta na profundidade do mesto bosque cando a perseguía, pois tamén era moi hábil en seguir o rastro. Pero agora é un desgraciado, pois o seu amo morreu lonxe da súa patria e as mulleres no se ocupan del; e é que os servos, cando os amos xa non mandan, non queren facer os traballos que lles corresponden, pois o tonante Zeus lle quita a un home a metade da súa valía cando o alcanza o día da escravitude.»
Así dicindo, Eumeo entrou na morada, agradable para vivir, e foi polos corredores á procura dos ilustres pretendentes. E a Argos levouno a negra morte tras ver a Ulises despois de vinte anos.
05 abril 2022
Odisea, I
Ou deusa, filla de Zeus!, cóntanos, aínda que non sexa máis que unha parte de tales cousas.
28 xuño 2020
Soño de Agamenón
Subía la divinal Aurora al vasto Olimpo para anunciar el día á Júpiter y á los demás dioses, cuando Agamenón ordenó que los heraldos de voz sonora convocaran á junta á los aqueos de larga cabellera. Convocáronlos aquéllos, y éstos se reunieron en seguida.
53 Pero celebróse antes un consejo de magnánimos próceres junto á la nave del rey Néstor, natural de Pilos. Agamenón los llamó para hacerles una discreta consulta:
56 «¡Oíd, amigos! Dormía durante la noche inmortal, cuando se me acercó un Sueño divino muy semejante al ilustre Néstor en la forma, estatura y natural. Púsose sobre mi cabeza y profirió estas palabras: «¿Duermes, hijo del belicoso Atreo domador de caballos? No debe dormir toda la noche el príncipe á quien se han confiado los guerreros y á cuyo cargo se hallan tantas cosas. Préstame atención, pues vengo como mensajero de Júpiter; el cual, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece. Armar te ordena á los aqueos de larga cabellera y sacar toda la hueste: ahora podrías tomar á Troya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen olímpicos palacios ya no están discordes, por haberlos persuadido Juno con sus ruegos, y una serie de infortunios amenaza á los troyanos por la voluntad de Júpiter. Graba mis palabras en tu memoria.» Dijo, fuése volando, y el dulce sueño me abandonó. Ea, veamos cómo podremos conseguir que los aqueos tomen las armas. Para probarlos como es debido, les aconsejaré que huyan en las naves de muchos bancos; y vosotros, hablándoles unos por un lado y otros por el opuesto, procurad detenerlos.»
14 novembro 2019
Querela polo botín entre Agamenón e Aquiles
Contestó el rey de hombres Agamenón: «Huye, pues, si tu ánimo á ello te incita; no te ruego que por mí te quedes; otros hay á mi lado que me honrarán, y especialmente el próvido Júpiter. Me eres más odioso que ningún otro de los reyes, alumnos de Jove, porque siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas. Si es grande tu fuerza, un dios te la dió. Vete á la patria, llevándote las naves y los compañeros, y reina sobre los mirmidones; no me cuido de que estés irritado, ni por ello me preocupo, pero te haré una amenaza: Puesto que Febo Apolo me quita á Criseida, la mandaré en mi nave con mis amigos; y encaminándome yo mismo á tu tienda, me llevaré á Briseida, la de hermosas mejillas, tu recompensa, para que sepas cuánto más poderoso soy y otro tema decir que es mi igual y compararse conmigo.»
[...]
El hijo de Peleo, no amainando en su ira, denostó nuevamente al Atrida con injuriosas voces: «¡Borracho, que tienes cara de perro y corazón de ciervo! Jamás te atreviste á tomar las armas con la gente del pueblo para combatir, ni á ponerte en emboscada con los más valientes aqueos: ambas cosas te parecen la muerte. Es, sin duda, mucho mejor arrebatar los dones, en el vasto campamento de los aqueos, á quien te contradiga. Rey devorador de tu pueblo, porque mandas á hombres abyectos...; en otro caso, Atrida, éste fuera tu último ultraje. Otra cosa voy á decirte y sobre ella prestaré un gran juramento: Sí, por este cetro que ya no producirá hojas ni ramos, pues dejó el tronco en la montaña; ni reverdecerá, porque el bronce lo despojó de las hojas y de la corteza, y ahora lo empuñan los aqueos que administran justicia y guardan las leyes de Júpiter (grande será para ti este juramento). Algún día los aquivos todos echarán de menos á Aquiles, y tú, aunque te aflijas, no podrás socorrerles cuando sucumban y perezcan á manos de Héctor, matador de hombres. Entonces desgarrarás tu corazón, pesaroso por no haber honrado al mejor de los aqueos.»
25 outubro 2019
21 setembro 2017
03 agosto 2017
13 xuño 2017
Ilíada (XVIII): Aquiles lamenta la muerte de Patroclo
Exhalando profundos suspiros, contestó Aquiles, el de los pies ligeros: «¡Oh Madre! El Olímpico, efectivamente, lo ha cumplido; pero ¿qué placer puede producirme, muerto Patroclo, el fiel amigo á quien apreciaba sobre todos los compañeros y tanto como á mi propia cabeza? Lo he perdido, y Héctor, después de matarlo, le despojó de las armas prodigiosas, admirables, magníficas que los dioses regalaron á Peleo, como espléndido presente, el día en que te colocaron en el tálamo de un hombre mortal. Ojalá hubieras seguido habitando en el mar con las inmortales ninfas, y Peleo hubiese tomado esposa mortal. Mas no sucedió así, para que sea inmenso el dolor de tu alma cuando muera tu hijo, á quien ya no recibirás en tu casa, de vuelta de Troya; pues mi ánimo no me incita á vivir, ni á permanecer entre los hombres, si Héctor no pierde la vida, atravesado por mi lanza, y recibe de este modo la condigna pena por la muerte de Patroclo Menetíada.»
94 Respondióle Tetis, derramando lágrimas: «Breve será tu existencia, á juzgar por lo que dices; pues la muerte te aguarda así que Héctor perezca.»
97 Contestó muy afligido Aquiles, el de los pies ligeros: «Muera yo en el acto, ya que no pude socorrer al amigo cuando le mataron: ha perecido lejos de su país y sin tenerme al lado para que le librara de la desgracia. Ahora, puesto que no he de volver á la patria, ni he salvado á Patroclo ni á los muchos amigos que murieron á manos del divino Héctor, permanezco en las naves cual inútil peso de la tierra; siendo tal en la batalla como ninguno de los aqueos, de broncíneas lorigas, pues en la junta otros me superan. Ojalá pereciera la discordia para los dioses y para los hombres, y con ella la ira, que encruelece hasta al hombre sensato cuando más dulce que la miel se introduce en el pecho y va creciendo como el humo. Así me irritó el rey de hombres Agamenón. Pero dejemos lo pasado, aunque afligidos, pues es preciso refrenar el furor del pecho. Iré á buscar al matador del amigo querido, á Héctor; y sufriré la muerte cuando lo dispongan Júpiter y los demás dioses inmortales. Pues ni el fornido Hércules pudo librarse de ella, con ser carísimo al soberano Jove Saturnio, sino que el hado y la cólera funesta de Juno le hicieron sucumbir. Así yo, si he de tener igual suerte, yaceré en la tumba cuando muera; mas ahora ganaré gloriosa fama y haré que algunas de las matronas troyanas ó dardanias, de profundo seno, den fuertes suspiros y con las manos se enjuguen las lágrimas de sus tiernas mejillas. Sepan que hace días me abstengo de combatir. Y tú, aunque me ames, no me prohibas que pelee, pues no lograrás persuadirme.»
04 marzo 2017
Homero
Homero nació en el año 1102 a. C., en una de las siete ciudades que se disputaron la gloria de ser su patria: Ítaca, Esmirna, Quíos, Colofón, Pilos, Argos y Atenas. Era hijo de Cretéis, una jovencita imprudente que quedó embarazada no se sabe de quién. Después del nacimiento de Homero su madre se casó con Femio, famoso bardo que dirigía una escuela poética, y que aparece en la Odisea, quien le enseñó el oficio de poeta; a la muerte de su padrastro, Homero le sustituyó al frente de la escuela, hasta que decidió dedicarse a viajar, y visitar, entre otros lugares, Iberia. A su regreso a Grecia contrajo una enfermedad en los ojos, que al poco tiempo le provocó la ceguera. Entonces decidió dedicar se exclusivamente a la poesía, y se casó y tuvo dos hijas. Compuso un buen número de poemas, entre ellos:
- Foceida
- Cércopes
- Batracomiomaquia
- Psaromaquia
- La cabra siete veces trasquilada
- El canto del mirlo · Ilíada
- Odisea
- El horno
- La canción del mendigo

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