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22 novembro 2024

Iván Fernández Amil: El Reino de Galicia. El primer reino medieval de Europa Occidental

 Entre la desembocadura de los ríos Éufrates y Tigris, se encuentra una región de la antigua Mesopotamia a la que se conocía como Sumeria. Los sumerios son la primera y más antigua civilización con escritura del mundo y, aunque su procedencia es incierta y existen muchas hipótesis, se cree que su origen es autóctono con influencias externas procedentes de Irán o del oeste de la India. En Sumeria nació la primera sociedad urbana, con estilos de casas y monumentos que sirvieron de modelos para las civilizaciones futuras. Además, crearon la primera escritura, la numeración sexagesimal, la aritmética, los sistemas políticos, las leyes y la justicia, además de crear nuevas e innovadoras técnicas para la agricultura y la artesanía. Los sumerios fueron fundamentales para el desarrollo de la humanidad, por lo que se les considera la cuna de la civilización. Y tienen el honor de haber sido el primer lugar documentado en el que existió un rey, que gobernó desde finales del siglo XXVIII hasta finales del XXVII antes de Cristo, considerado el primer rey de la historia: Mebaragesi de Kish. Muchos siglos después, una pequeña región en el noroeste de la Península Ibérica, también dejó huella en la historia, pero no por sus reyes, si no por lo que muchos historiadores afirman sobre ella, que pasó de ser una provincia romana a convertirse en el primer reino medieval de Europa. Aquel lugar era el Reino de Galicia.

Las primeras pruebas de presencia humana en Galicia se remontan a hace más de 300.000 años, durante el Paleolítico inferior. A partir del Paleolítico Superior, estas tierras están habitadas por los Oestrymnios, llamados así por los romanos, hasta la llegada de un pueblo que lo cambió todo: los celtas.

Los celtas, también llamados saefes o serpientes, se establecieron en el norte de Portugal y el área de la Galicia actual, tal y como los romanos cuentan en la “Ora Marítima”. Esta extraordinaria obra versa sobre geografía de la Hispania prerromana y fue escrita en el siglo IV por el poeta latino Rufo Festo Avieno, que se basó en textos más antiguos del siglo VI antes de Cristo.

Los celtas introdujeron en Galicia su cultura y costumbres, que con el tiempo evolucionarían en la cultura de los castros o castreña, tras los intercambios entre las poblaciones autóctonas y este pueblo indoeuropeo, dejando una profunda huella en la región que todavía se puede apreciar a día de hoy. Incluso existen teorías que afirman que el acento y el sonido tan característicos de las lenguas gallega y portuguesa tienen su origen en la lengua celta, aunque no existen estudios fiables que confirmen esta idea.

Los historiadores romanos consideraban a las tribus celtas como un pueblo bárbaro, pero combativo, fiero y valiente. Por ello, Galicia y el norte de Portugal fueron los únicos lugares de la península donde encontraron una gran resistencia a sus conquistas.

Aun así, los romanos llegaron al fin del mundo, a Finisterrae, aunque para ello tuvieron que luchar durante más de un siglo para que sus legiones pudiesen avanzar más allá del río Miño. Sería necesaria la llegada de una legendaria figura para poner fin a la resistencia de los gallegos: Julio César.

En el año 61 antes de Cristo, Julio retoma el avance hacia el norte y conduce personalmente una incursión marítima que llega hasta la costa de la actual ciudad de A Coruña, aunque en el interior la resistencia permanece, hasta que en el año 23 antes de Cristo finalizan las conquistas en territorio de la actual Galicia y se declara la Pax Romana, que dio inicio al proceso de romanización y que se prolongaría cuatro siglos durante los cuales los gallegos se convirtieron en ciudadanos de Roma.

Gallaecia fue originalmente el nombre dado por Roma a esta provincia que abarcaba los territorios de la actual comunidad autónoma de Galicia, parte de la de Asturias, el norte de Portugal y parte del territorio de las actuales provincias de León, Zamora. Cuando se culminó la conquista, con la nueva división administrativa de Diocleciano, estaba formada por los conventus (reuniones entre romanos e indígenas que aconsejaban al gobernador) Lucensis (Lugo), Bracarensis (Braga) y Asturicensis (Astorga). Con el tiempo, en el siglo IV, la Gallaecia llegó a incluir el antiguo conventus Cluniensis, abarcando así todo el norte de Hispania.

Los romanos dejaron una nueva organización territorial, un nuevo idioma y una nueva religión, el cristianismo, pero con la decadencia del Imperio llegaron los pueblos germánicos, entre ellos los suevos, un pueblo que aparece en Gallaecia tras haber penetrado en la península ibérica junto con vándalos y alanos en el año 409.

Los suevos acuerdan con el emperador Honorio constituir en esta provincia el Reino Suevo de Galicia y otorgar el título de primer rey a su monarca, Hermerico.

Los suevos no permitieron que la huella de la civilización romana se perdiera y su legado perduró con ellos, ya que los nuevos habitantes de Galicia copiaron de Roma la acuñación de moneda, la moda y hasta los ritos funerarios

En esta nueva sociedad jerarquizada y militarizada, típica de los pueblos germánicos, se sembró la semilla de lo que más tarde se convertiría en el feudalismo y el vasallaje. Por esta razón, muchos historiadores consideran al Reino Suevo de Galicia como el primer reino medieval de Europa occidental.

El reino de los suevos duró hasta el año 550, momento en el que fueron derrotados por los visigodos, quienes hicieron una división administrativa del territorio y se proclamaron reyes de Galicia, Hispania y la Galia, hasta que en el 711 fueron derrotados por los árabes a su llegada a la península.

Tras la derrota de los árabes y su expulsión del norte de la península, Galicia pasó a depender de la Corona de Castilla y siglos más tarde de la Monarquía Hispánica.

En múltiples textos de la época, los reyes asturianos se nombraban a sí mismos como reyes de Galicia, siendo Alfonso VI de León el último de sus reyes hasta su muerte en el año 1109. Con Fernando III de Castilla, en el año 1230, su territorio fue asumido definitivamente junto al Reino de Castilla en la Corona castellana.

Independientemente de la evolución territorial asociada al nombre de Gallaecia, éste acabaría por derivar en lengua española hasta nombrar la actual Galicia, a pesar de no corresponderse exactamente al antiguo territorio romano. 

La denominación histórica de Reino de Galicia fue conservada durante siglos, hasta que fue sustituida en una fecha tan reciente como 1833, aunque siguió siendo empleada con fines honoríficos y protocolarios y sirvió de base, como precedente histórico, de la actual Comunidad Autónoma de Galicia, un lugar que un día fue el primer reino de Europa…

Artigo completo, aquí

26 agosto 2021

Félix Fernández: Mimeomai

Esta serie fotográfica habla de la relación hombre-naturaleza: el hombre no civilizado y por lo tanto alejado de su visión antropocéntrica que busca refugio en el camuflaje.

MIMEOMAI busca en la mirada del espectador una respuesta que se aleje del pensamiento racionalista, que se formule desde un punto de vista anterior, más cercano a un sentimiento primigenio. Por lo tanto esta obra habla del miedo ancestral del hombre contemplando su propia dimensión frente a la naturaleza, donde el individuo es completamente vulnerable y minúsculo, y pese a que estéticamente esté muy lejos de parecerse a las imágenes devastadoras de tsunamis, terremotos y huracanes, Mimeomai tiene mucho que ver con lo que subyace a todas esas retrasmisiones de catástrofes naturales, que cuestionan la verdadera dimensión del hombre en el mundo.


29 outubro 2020

Elsa Fernández-Santos: Adiós al Cristo de Pasolini

 Si hay algo que me fascina de su cine [del de Pasolini] son los rostros de esos actores naturales que él encontraba en los barrios obreros y el campo, la sangre de una filmografía que bebe del documento etnográfico y que solo un genio absoluto como Abbas Kiarostami supo trascender con personajes así de poderosos ante una cámara.

No sé si Don Jacinto hubiese querido romper su rutina junto a su esplendoroso huerto para participar en una película de Pasolini, pero a principios de los años sesenta sí lo hizo Enrique Irazoqui, el joven español que protagonizó un clásico del cine europeo y una de mis películas favoritas, El Evangelio según San Mateo. Irazoqui falleció el pasado septiembre y admito que leer, entre la avalancha de noticias desgraciadas, que el Cristo de Pasolini había muerto me provocó especial pena, imagino que porque de niña me gustaba fantasear con aquel Jesús que hablaba mi idioma. El Evangelio según San Mateo le gustaba mucho a mi abuela paterna y aún recuerdo la impresión que me causó verla llorar ante la cara de aquel chico cejijunto y algo bizco que transmitía una autenticidad arcaica, una calma de otro tiempo. Irazoqui, que vivía en Cadaqués y acabó de profesor de literatura y árbitro internacional de ajedrez, apenas volvió a trabajar en el cine excepto en dos o tres películas circunstanciales, entre ellas Dante no es únicamente severo (1967), filme clave de la Escuela de Barcelona escrito y dirigido por Jacinto Esteva y Joaquín Jordà.

Hijo de un psiquiatra vasco y una empresaria italiana, en los sesenta había viajado a Italia para buscar apoyos en el extranjero para la lucha antifranquista. Fue así como acabó en casa de Pasolini, comunista expulsado del partido comunista y homosexual que nada más ver al imberbe español exclamó enloquecido que ahí estaba su Cristo. El chico se asustó y salió pitando de la casa. El resto es historia del cine. Irazoqui acabó aceptando y un ateo marxista rodó una película profundamente religiosa que, para descolocar aún más al personal, dedicó a “la feliz y familiar memoria del Papa Juan XXIII”. Toda la película, desde la María niña embarazada que abre su famoso primer plano, a la desgarrada imagen de la propia madre de Pasolini, Susanna, en la piel de María anciana, es de una belleza incomparable. Irazoqui no se libró de la ficha policial por haber trabajado “para una película comunista”, ni tampoco de la eternidad.

Artigo completo de Elsa Fernández-Santos, aquí (ICON 29.10.2020)