A inicios del siglo XVIII, un barco encalló en los arrecifes del Mar Rojo, frente a la costa de Arabia. Sabemos que su destino era el Imperio otomano, y no Europa, porque las tazas de té no venían con su platito.
Lo sabemos también porque aparecieron algunas tazas con el motivo de la rueda llameante, una decoración que producían los chinos expresamente para el mercado islámico.