18 outubro 2025

Castro de Troña (Ponteareas)


Otero Pedrayo: "Paseando polos campos galegos, detácanse os perfís dominadores dos castros. O campesiño sente por eles un vago respecto e tamén un certo orgullo. Un castelo, un pazo, poden aparecer dislocados no horizonte, mais o castro non é nunca unha ruína". 




Balneario de Mondariz

17 outubro 2025

Cierre de La Cartuja de Sevilla

 


Réquiem por un plato: quien no tuvo una vajilla de La Cartuja tuvo, al menos, una vecina que la enseñaba con orgullo

La Cartuja dice adiós después de más de dos siglos de historia. Era más que una fábrica, era la memoria de una ciudad que entendía el valor del tiempo y del trabajo bien hecho. El recuerdo quedará en las casas, en los platos heredados de las abuelas y en los armarios donde aún duerme la loza que en algún momento fue testigo de tantas sobremesas.

En casi todas las casas hubo alguna vez una vajilla de La Cartuja. En unas estaba completa, con uso acotado a los domingos y fiestas de guardar; el resto del año dormía envuelta en papel de estraza dentro del aparador. En otras quedaban solo piezas sueltas: un plato hondo, una fuente mellada, una taza... En los pueblos, la cubertería de plata y la loza buena ni siquiera se usaba, solo se enseñaba. Atesorar una pieza de La Cartuja de Sevilla era símbolo de estatus.

Sin embargo, quienes no tienen ya una de sus piezas han perdido su oportunidad o están a punto de hacerlo. La fábrica con casi dos siglos de historia —y una treintena de trabajadores— ha anunciado la paralización de su producción. “Les informamos de que, por razones técnicas, nos hemos visto abocados a parar la producción y detener la comercialización durante un plazo no determinado”, dice un escueto comunicado en su página web. Según adelantaba el pasado 9 de octubre el Diario de Sevilla, se debe a una situación financiera insostenible. “Pese a los intentos de la dirección por negociar aplazamientos y ofrecer garantías hipotecarias, los acreedores exigieron pagos inmediatos que la empresa no pudo afrontar, asfixiada tras más de cinco años en concurso de acreedores”, explicaba el medio local. Réquiem por La Cartuja.

I. Introitus /Kyrie

III. Offertorium–Sanctus

Antes de esto, también hubo un impasse en el que la cerámica parecía haber pasado de moda hasta que llegó el siglo XIX, cuando un comerciante llamado Charles Pickman vino a Sevilla con un cargamento de vajillas inglesas. Las vendía bien, hasta que el gobierno decidió establecer aranceles para proteger la industria local. Pickman, hombre de recursos, alquiló el monasterio cartujo —abandonado por la desamortización— y erigió allí una fábrica de loza. Así nació La Cartuja de Sevilla, mezcla del método inglés y el pulso sevillano que supuso un equilibrio perfecto; las piezas no eran tan frías como las inglesas ni tan barrocas como las trianeras. La historia de estas vajillas es la historia de la revolución industrial en Andalucía.

Durante casi dos siglos, los platos de la Cartuja viajaron por Europa, se colaron en las mejores familias, en embajadas, las Casas Reales o en los ajuares de boda. Después sobrevinieron los años malos: la competencia industrial, los costes, deudas e impuestos. Aun así, la fábrica logró reinventarse con colaboraciones contemporáneas que le devolvieron un aire de modernidad, como la ilustradora Carmen García Huerta con su vajilla Georgica, el diseñador Isaac Piñeiro con la colección Vega 175, o el dúo Aaron Stewart Home y Fernando Rodríguez, que revivieron el clásico Negro Vistas con unas combinaciones nuevas de colores estridentes.

V. Lux Aeterna

Pero la llama duró poco. El cierre ha dejado a Sevilla sin uno de sus símbolos. La Cartuja era más que una fábrica, era la memoria de una ciudad que entendía el valor del tiempo y del trabajo bien hecho. El recuerdo quedará en las casas, en los platos heredados de las abuelas y en los armarios donde aún duerme la loza que en algún momento fue testigo de tantas sobremesas.
Artigo completo en El País, aquí

01 outubro 2025

In memoriam


 Jane Goodall (1934-2025)

Jane co pequeno chimpancé Flint

El fallecimiento a los 91 años de Jane Goodall, la famosa etóloga que revolucionó la manera en la que comprendemos el comportamiento de los chimpancés, deja al mundo sin una de las mentes que mejor logró entender el mundo animal. Pocas imágenes capturaron tan bien su profunda conexión con la naturaleza como la que le tomó su esposo en 1964 junto a un chimpancé bebé.

El 14 de julio de 1960, Jane Goodall, con 26 años, llegó en barco a las orillas del lago Tanganica, en Tanzania. Allá, en lo que ahora es el Parque Nacional Gombe Stream, comenzó su innovadora investigación científica sobre el comportamiento de los chimpancés.

Hasta entonces era una estudiante de secretariado sin una licenciatura en ciencias, y dice que observó a sus sujetos salvajes con una mente abierta y sin ideas preconcebidas.

Controvertidamente en ese momento, desafió las convenciones al darles a esos chimpancés nombres en lugar de números.