18 agosto 2023

Urinario

Margaret Mitchell: Lo que el viento se llevó (1936)

 “Scarlett O’Hara no era bella, pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que se sentían ya cautivos de su embrujo, como les sucedía a los gemelos Tarleton. En su rostro contrastaban acusadamente las delicadas facciones de su madre, una aristócrata de la costa, de familia francesa, con las toscas de su padre, un rozagante irlandés. Pero era el suyo, con todo, un semblante atractivo, de barbilla puntiaguda y de anchos pómulos. Sus ojos eran de un verde pálido, sin mezcla de castaño, sombreados por negras y rígidas pestañas, levemente curvadas en las puntas. Sobre ellos, unas negras y espesas cejas, sesgadas hacia arriba, cortaban con tímida y oblicua línea el blanco magnolia de su cutis, ese cutis tan apreciado por las meridionales y que tan celosamente resguardan del cálido sol de Georgia con sombreros, velos y mitones”.



12 agosto 2023

Poema de Miguel Hernández


01 agosto 2023

Dime musa, ¿por aquí andaba Helena?: una visita a Troya con la ‘Ilíada’ bajo el brazo

Busco con dedos temblorosos el canto XXII (no se trata de leer íntegros los 15.700 versos de la epopeya, que llevaría más de un día y aquí cierran de noche) y el relato del duelo entre Aquiles, de pies ligeros, y Héctor, de tremolante penacho en el reluciente casco. Es fácil imaginar al padre y la madre del segundo, los reyes Príamo y Hécuba, y a la mayoría de los troyanos, siguiendo con el corazón en un puño el combate desde el mismo lugar en que estamos. Aquiles mata a Héctor, que se ha debatido entre el valor y la cobardía, frente a las Puertas Esceas de Troya, el gran escenario de la ciudad, clavándole en el cuello su legendaria lanza, la única pieza de su panoplia original que conserva tras perder el resto a manos de los aqueos su amigo Patroclo junto con la vida. Precisamente Héctor lleva la armadura de Aquiles, de la que ha despojado a Patroclo tras matarlo. Y Aquiles conoce el punto débil de esa armadura, que era la suya. La punta de bronce de la lanza de fresno fue a salirle por la nuca a Héctor, que cayó en el polvo. Tras despojar al cuerpo de sus armas ensangrentadas (o más bien recuperarlas), Aquiles, “semejante a Ares”, leo en voz alta entre las piedras historiadas, “le horadó los tendones de los pies entre el talón y el tobillo, pasó correas por los agujeros y amarró el cadáver a la trasera del carro, subió a él y fustigó los corceles, que partieron velozmente”.


Y sigo, subiendo el tono: “Y así fue arrastrado el Priámida Héctor entre gran polvareda, y se manchaban los negros cabellos del héroe muerto, y hundióse en el polvo aquella cabeza antes tan hermosa que Zeus había entregado a los enemigos para que fuera ultrajada en su misma patria. Y su madre, viéndole así, se arrancaba los cabellos, y desprendiéndose de su hermoso velo para desgarrarlo, gemía y sollozaba tristemente. El padre se lamentaba llorando, y todos los moradores de la ciudad gritaban y lloraban como si ya Ilión fuese devorada por el fuego”. [...]


La fuerza de las palabras de Homero en la mágica atmósfera de la ciudad que inmortalizó: Troya, Ilión. La de las anchas calles y los sólidos muros. La ciudad de la que el propio Zeus, padre de los dioses, el que agrupa las nubes, dice: “Pues de todas las ciudades que hay bajo el sol y el cielo estrellado habitadas por hombres que viven en la Tierra, nunca ha habido una más próxima a mi corazón que la sagrada Ilión”. [...]


Leer páginas de la Ilíada en las murallas de Troya, ¿hay mejor anhelo para satisfacer? Donde Homero describió a Helena identificando los héroes aqueos para Príamo; a Astianacte en brazos de su madre, Andrómaca, llorando ante el aspecto terrible de su padre, Héctor, con yelmo; a la misma Andrómaca desolada ante el espectáculo de su marido arrastrado en el carro de Aquiles. Teichoskopia, otear desde la muralla, lo llaman. A las ruinas de la ciudad, que vaya por delante son una maravilla y no decepcionan en absoluto (aunque son complejas de interpretar), se llega en coche desde Estambul ―donde es muy recomendable visitar su renovado y espléndido Museo Arqueológico (cerca del palacio de Topkapi), que tiene una iluminadora sala dedicada a Troya― en unas cuatro horas. La carretera es excelente (al final hay que tomar algunos caminos locales). Se viaja como en un sueño y los paisajes que se recorren están llenos de metáforas del destino que nos aguarda. Los cargueros en el mar de Mármara que bordeamos, negros y cóncavos, sugieren la gran flota invasora de los aqueos que entró en el Helesponto desde el Egeo y tras doblar el promontorio del Sigeo se presentó en la bahía de Troya en plan a por ellos. En el canto II de la Ilíada (versos 485 a 785) se ofrece el famoso Catálogo de las Naves, un listado del contingente atacante, formado por un heteróclito conjunto de reyes y jefezuelos griegos bajo el mando (discutido) de Agamenón, “pastor de hombres”, el Iliá Ehrenburg de los aqueos (“no dejéis que uno solo se libre de morir a nuestras manos, ni el niño que la madre lleva aún en el vientre, que todos los habitantes de Troya perezcan y que nadie les llore”), hermano del agraviado Menelao, esposo de la raptada Helena, al que Homero tiene el buen gusto de no denominarlo “de renombrados cuernos”. Se enumeran 1.186 naves bajo el mando de 44 caudillos. [...]


Aquiles es central, recuerda Alexander, en la Ilíada, que se abre con su célebre cólera, su enfado algo rabieta con Agamenón por un quítame allá esa esclava, y se acaba con su vuelta al combate por la ira a causa de la muerte de Patroclo (su camarada y su philos hetairo, su querido), su duelo furioso con Héctor y el retorno del maltratado cadáver para su funeral tras la conmovedora súplica del rey Príamo a los pies del vencedor. Es Aquiles protagonista de escenas terribles ―abundantes en el poema en el que se detalla la muerte de unos 250 guerreros, tres veces más troyanos que aqueos―: Polidoro aguantándose con las manos los intestinos que se le salen por la herida infligida por la lanza del héroe; Tros, hijo de Alástor, suplicando piedad a los pies del terrible guerrero antes de que este le atraviese con la espada el hígado y se lo arranque; Deucalión inmóvil viendo ante sí la muerte y al que “Aquiles le cortó con la espada la cabeza, que cayó sin salirse del casco, brotó la médula de las vértebras y el troyano quedó tendido en el suelo”. Pero es también Aquiles, nos dice la autora, un personaje extraño en la obra, que lucha en una guerra que no tiene sentido para él y siendo muy consciente de que su mejor opción, por otro lado imposible, no es la gloria sino regresar vivo a casa. El retrato curiosamente concuerda mucho con el del Aquiles cabizbajo y hastiado de sangre de Brad Pitt en la justamente vilipendiada (¡la muerte de Agamenón, que borra de un plumazo la Orestíada!), pero con muchas cosas buenas, Troya, de Wolfgang Petersen.

Jacinto Antón: Artigo completo en EP (01.08.2023)

Ignacio Díaz Olano: Agosto (1899)

30 xullo 2023

De carballos e druidas

 Os antigos druidas adoraban as árbores. Druida significa "Un de carballo". Do nome celta "Daur". De aquí vén a palabra inglesa Porta (door). Pensaban que o carballo era a "porta" cara aos reinos espirituais porque súas raíces cruzan a terra e as súas ramas o ceo.

Carboeiro

28 xullo 2023

Polleiro





 Sempre me pareceu emocionante ver a un home ouriñar, un momento íntimo no que o home sostén o seu pene con naturalidade, é perfecto para observar o seu pene flácido, ver como o sostén entre os dedos; o elemento sexual parece estar ausente aínda que está presente

Cine España. Ano 1971

24 xullo 2023

Despedida de Héctor (Ilíada: canto VI)

 “A ella a su vez le dijo el gran Héctor, el de resplandeciente casco:

“En verdad, mujer, todo esto me afecta a mí también. Pero siento una terrible vergüenza ante los troyanos y las troyanas que arrastran su peplo si, como un cobarde, trato de mantenerme lejos del combate. Y tampoco me incita a ello mi corazón, puesto que he aprendido a ser valiente siempre y a pelear entre los primeros troyanos, tratando de alcanzar la gran fama de mi padre y la mía propia...
Vendrá un día en que perezca la sagrada Ilión, y Príamo, y el pueblo de Príamo, el de la buena lanza de fresno. Pero no me preocupa tanto el dolor de los troyanos en el futuro, ni el de la propia Hécuba y el del rey Príamo, ni el dolor de mis hermanos... cuanto tu dolor, cuando alguno de los aqueos de túnicas de bronce te lleve prisionera, llorosa y te prive de la libertad.
Y estando en Argos, tendrías que tejer a las órdenes de otra y llevar agua de la fuente, una y otra vez... y un duro destino pesará sobre ti. Y un día dirá alguno, al verte llorar: “He ahí a la mujer de Héctor, que era el más fuerte entre los troyanos domadores de caballos, cuando luchaban alrededor de Ilión”.
Así hablará alguno algún día y tu dolor volverá a renovarse por la falta de un hombre tal como para apartar de ti el día de la esclavitud”.
Habiendo hablado así, el ilustre Héctor tendió las manos hacia su hijo, mas éste se echó para atrás, gritando, sobre el pecho de la nodriza de hermosa cintura, despavorido a la vista de su padre y aterrado ante el casco y su penacho de crines de caballo, cuando lo vio agitarse terriblemente desde el extremo del yelmo. Se echó a reír el padre, así como la venerable madre. Y al instante el ilustre Héctor se quitó el casco de la cabeza, depositándolo en el suelo entre mil resplandores, y tras besar a su hijo y mecerlo en sus brazos, dijo suplicando a Zeus y los demás dioses:

“Zeus y demás dioses, concededme que también este hijo mío sea, como yo lo soy, excelso entre los troyanos y tan bueno por su fuerza y que reine con poder en Ilión. Y que algún día se diga de él cuando suba del combate: “Helo ahí, es mucho más valiente que su padre”. Y que traiga los ensangrentados despojos del enemigo que mate y que su madre se alegre en su corazón.”

Karl Friedrich Deckler: Héitor despídese de Andrómaca e Astianaque (ca. 1918)

22 xullo 2023

George Platt Lynes: Richard Kroemer


Poema de Idea Vilariño para Juan Carlos Onetti

 Este poema é de Idea Vilariño para Juan Carlos Onetti. Cuando Onetti caeu doente nun hospital, Dolly, a súa esposa, deixounos sós para se despediren porque sabía que ela fora amante del. "Era o de sempre; tíñame nas súas mans, partíame en dúas", recordaría anos máis tarde.

19 xullo 2023

Follamigos?

Marisa Roësset: Autorretrato estomballada





Para de min vós serdes esquecidos
nada pode o pesar, nada a distancia;
non pode o ferro, non os tempos idos,
meus recordos borrar, miña constancia:
pois neste mundo todo amor falece,
non esquezades quen vos non esquece.

 

18 xullo 2023

Este malpicán de 25 anos ten tres traballos para poder comprar o seu propio barco

«Sempre quixen ser patrón, e se eu non pelexo polo meu futuro, quen o fará?», explica César Garrido Pena, que está enrolado nun barco, traballa nunha empresa de desbroces e é camareiro nunha pizzería.

Exhumación nunha fosa da guerra civil