26 maio 2023

Georges de La Tour: Magdalena penitente (pormenor, 1640)

Coro de homes gais de San Francisco

Foto do coro de homes gais de San Francisco, tirada en 1993. Os que levan camisa branca son os superviventes do coro orixinal; os que vesten traxe negro representaban os membros que morreron da SIDA.

24 maio 2023

Doris Lessing: Canta la hierba (1950)



… la sociedad gobernada por Lobengula se regía por leyes estrictas: todo el mundo conocía los límites que no debía traspasar. Cuando alguien cometía un acto imperdonable, como tocar a una de las mujeres del Rey, se sometía con total fanatismo al castigo, que solía consistir en el empalamiento sobre un hormiguero o una hoguera, o algo igualmente desagradable. “Soy consciente de que he obrado mal -decía-. Por lo tanto, pido que se me imponga una pena”. La tradición mandaba afrontar el castigo, y no cabía duda de que había algo hermoso en ello. 

(Canta la hierba, pág. 16).

19 maio 2023

Diego Ameixeiras: A cidade, as amigas, o aire

 [...] Na casa onde medrei, no salvaxe Ourense, non había libros de escritores reconcentrados, dispostos a mudar o rumbo das letras universais. Había novelas de Silver Kane, de Marcial Lafuente Estefanía, de Curtis Garland. Fábulas que corrían de man en man. Historias que cubrían a necesidade elemental de soñar, de correr libre por un deserto de Texas aínda que vivises en Allariz, Baiona ou Ribadeo. De volta de Valencia, en homenaxe privada a Kane, sorprendeume a noitiña lendo Fabricantes de difuntos No preguntes la hora al muerto. Remateinas co desexo de cruzarme con Joan Crawford na escaleira do edificio, cando me dispuña a tirar o lixo coa fantasía de ser Sterling Hayden en Johnny Guitar. Días antes, a esa mesma hora, tamén me dirixira ao portal. Os meus veciños aplaudían. Pasaba unha carreira nocturna pola rúa. Entre os últimos, entre os elementais, lonxe da autoridade dos primeiros, corría unha Joan Crawford rediviva, estrela inmediata da noite. Corría de vagar, corría fermoso. Corría de acordo coa súa maxestade. Veterana, supervivente, xa invencible. Elemental. Pareceume que corría recitando un emocionante poema de Roxana Crisólogo que descubrín grazas a Cristina Rivera Garza, e que agora resoa na miña cabeza cando ás veces me boto a correr polos parques: «Me tomó doce horas llegar tan al norte / que el viaje se convirtió en huida / Huir fue mi velocidad». Conmoveume vela desaparecer na curva. Corría devagar, en efecto. Corría febril e colorada. Incansable. Corría como llo permitían as forzas a unha Joan Crawford que o viviu todo. Fuxir era a súa velocidade. Corría triunfal ao anoitecer, con saltiños curtos. Corría en comuñón coa cidade, coas amigas, co aire. Corría libre, profunda. Ela non o sabe, pero prometín escribirlle isto e aprender algún día a correr así. A pasar pola vida de verdade, saltando só entre palabras elementais.

A voz de Galicia (19.05.2023)

18 maio 2023

Un jardin à Cythère

 

A outra cara do Día

Emilia Pardo Bazán: El décimo

¿La historia de mi boda?
Óiganla ustedes: no deja de ser rara.
Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de raído mantón, fue la que me vendió el décimo de billete de lotería a la puerta de un café, a las altas horas de la noche. Le di de prima una enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!
—Se lleva usted la suerte, señorito —afirmó con la insinuante y clara pronunciación de las muchachas del pueblo de Madrid.
—¿Estás segura? —le pregunté en broma, mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del gabán entretelado y subía la chalina de seda que me servía de tapabocas, a fin de preservarme de las pulmonías que auguraba el remusguillo barbero de diciembre.
—¡Vaya si estoy segura! Como que el décimo ese se lo lleva usted por no tener yo cuartos, señorito. El número…, ya lo mirará usted cuando salga…, es el 1420; los años que tengo, catorce, y los días del mes que tengo sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría yo todo el billete.
—Pues, hija —respondí echándomela de generoso, con la tranquilidad del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás ni una aproximación, ni un mal reintegro—, no te apures: si el billete saca premio…, la mitad del décimo, para ti. Jugamos a medias.
Una alegría loca se pintó en las demacradas facciones de la billetera, y con la fe más absoluta, agarrándome de una manga, exclamó:
—¡Señorito! Por su padre y por su madre, deme su nombre y las señas de su casa. Yo sé que de aquí a cuatro días cobramos.
Un tanto arrepentido ya, le dije cómo me llamo y dónde vivía; y diez minutos después, al subir a buen paso por la Puerta del Sol a la calle de la Montera, ni recordaba el incidente.
Pasados cuatro días, estando en la cama, oí vocear «la lista grande». Despaché a mi criado a que la comprase, y cuando me la subió, mis ojos tropezaron inmediatamente con la cifra del premio gordo; creí soñar: no soñaba; allí decía realmente 1420… ¡Mi décimo, la edad de la billetera, la suerte para ella y para mí! Eran muchos miles de duros lo que representaban aquellos benditos guarismos…, y un deslumbramiento me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió renegar de mi ofrecimiento… La chiquilla me había traído la suerte, había sido mi «mascota»… Era una asociación en que yo sólo figuraba como socio industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del bienaventurado papelito. Me acordaba bien: lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán, por no desabrocharme. ¿Dónde estaba el gabán? ¡Ah!, allí, colgado en la percha… A ver… Tienta de aquí, registra de acullá… Ni rastro del décimo.
Llamo al criado con furia y le pregunto si ha sacudido el gabán por la ventana… ¡Ya lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no ha visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente… Le miro a la cara; su rostro expresa veracidad y honradez. En cinco años que hace que está a mi servicio no le he cogido jamás en ningún gatuperio, chico ni grande… Me sonrojo lo que se me ocurre, las amenazas, las injurias, las barbaridades que suben a mis labios…
Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato armarios, paso revista al cesto de los papeles viejos, interrogo a la canasta de la basura… Nada y nada: ¡estoy solo con la fiebre de mis manos, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi corazón!
A la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama a fumar, para ver de ir tragando y digiriendo la decepción horrible, suena un campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta discusión, alboroto, protestas de alguien que se empeña en entrar, y al punto veo ante mí a la billetera que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
—¡Señorito, señorito! ¿Lo ve usted? Hemos sacado el gordo.
¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuciendo como un criminal, que se había extraviado el billete, que no lo encontraba en parte alguna, y que, por consecuencia, nada tenía que esperar de mí la pobre muchacha, en cuyos ojos negros, ariscos, temí ver relampaguear la duda y la desconfianza más infamatoria…
Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y dijo encogiéndose de hombros:
—¡Vaya por la Virgen! Señorito…, no nacimos ni usted ni yo pa millonarios.
¿Cómo podía recompensar la confianza de aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla de lo que le debía…, sí, de lo que le debía? Mis remordimientos y la convicción de mi grave responsabilidad pesaban sobre mí de tal suerte que la traje a casa, la amparé, la eduqué y, por último, me casé con ella.
Lo más notable de esta historia es que he sido feliz.

Xaquín Marín en El Ideal Gallego (1987)

15 maio 2023

La maldición del segundón en la realeza

Uno de los momentos estelares del libro de memorias del príncipe Enrique ocurre durante unas Navidades familiares en Windsor. Entre el alud de obsequios apilados sobre una inmensa mesa de caoba ―con abundancia de colonia Floris, suéteres de cachemira de Harrod’s y videojuegos bélicos y de la Fifa―, Enrique se topa con un bolígrafo. Hay un momento de desdén y desconcierto. ¿Un bolígrafo? ¿A mí? A continuación, descubre quién se lo remite: su tía abuela Margo, la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel II; la pariente segundona, díscola y disoluta; desgraciada en el amor (la soberana y la casa real le prohibieron casarse con Peter Townsend, el piloto de la RAF divorciado al que amaba), amiga de los Stones, habitual del Soho londinense, bebedora de cócteles y fumadora incansable, que pasó los últimos años de su vida tostándose al sol y deambulando por las costas de Mustique, una paradisiaca microisla de las Antillas. Cuando Enrique ve que es un regalo de Margo, frena, reflexiona y piensa que le hubiera gustado conocerla mejor. Que tienen mucho que ver. Se parecen más de lo que en un principio podrían pensar. Son segundones. Margarita morirá unos meses más tarde.

Margarita y Enrique de Inglaterra personifican a la perfección la figura del segundón propia de la aristocracia y, más allá, estructural en las monarquías, reinen o estén destronadas. El primogénito, mejor educado, contemplado y cuidado, se lo lleva todo. Será el rey. Es la ley. Los títulos y las haciendas. Para el segundo, nada. A lo sumo, una carrera militar, eclesiástica, diplomática o una buena boda con algún miembro de la burguesía pudiente. El segundón, desde que tiene uso de razón, destila su rencor hasta el final. De ahí los martinis y la marihuana. Como Enrique. Como Margo. [...]

Jesús Rodríguez en EP (14.05.2023)

Ficha policial australiana dos anos 20

11 maio 2023

Alfonso Ponce de León: Autorretrato (Accidente), 1936

Arman Soldin, tercer periodista francés que se lleva la guerra de Ucrania. DEP


 


Arman fue de los primeros evacuados de Sarajevo, con 12 meses.

Era muy sensible con los refugiados. En marzo cumplió 32 años en el frente en Ucrania.

Su origen bosnio le ayudó. Arriesgó su vida para mostrar la destrucción y cómo la gente corriente sale adelante en medio del caos

10 maio 2023

Encontrado un torques en Betanzos

 En pleno século XXI e arando nunha finca, como antano. Así apareceu o último torque galaico nunha leira das Mariñas Betanceiras. O avó manexaba o tractor mentres o resto da familia botáballe unha man. Tal e como recolle La Voz, entre a terra removida apareceu unha peza metálica. Ao estar cuberta de po, nunha primeira ollada non lle deron importancia, pero pronto advertiron a súa forma característica. Máis tarde, despois de limpala con auga, descubriron que atoparan “un tesouro”, como o bautizaron os dous nenos da parella.

O torques atopado nas Mariñas Betanceiras está dunha peza e apenas presenta algunhas mazaduras. Está decorado con espiraiss, trenzados e dúas puntas con forma de cebola. O seu achado foi similar ao do extraordinario torques de Burela, que tamén foi descuberto de forma casual por un veciño nunha leira. Con todo, as diferenzas evidencíanse no peso: con 394 gramos o torques de Betanzos e 1.812 o de Burela.

Tamén por casualidade, atopouse en 1945 o Torques de Burela, o máis grande de Galicia, que pesa 1812 gramos. Foi un agricultor que traballaba en Chao de Castro o que deu con el, aínda que nun primeiro momento identificouno como a asa dun caldeiro. Hai moitas interpretacións arredor destas pezas, dende que eran levadas polas persoas pertencentes a unha tribo ou que poseían poderes políticos, militares, relixiosos ou un status social elevado. Tamén hai historiadores que apuntan que podían valer para facer intercambios, xa que algúns torques teñen un peso similar ás moedas.

O arqueólogo Alfredo González Ruibal, máis coñecido polo seu usuario de Twitter ‘Guerra en la Universidad’, explica que pertence á Idade do Ferro e que Galicia é “unha rexión coa maior concentración de orfebrería prehistórica da Península Ibérica”.

Protección

Este luns, a familia púxose en contacto coa delegación territorial da Xunta na Coruña, onde presentaron a peza ante o persoal de Patrimonio Cultural. Á vista da súa importancia, a directora xeral dese departamento autonómico, María del Carmen Martínez Insua, trasladouse ata a cidade herculina. Durante esa reunión acordouse trasladar o torques ata o Museo Arqueolóxico e Histórico do castelo de San Antón para que quede baixo custodia na súa caixa de seguridade, máis forte que as do edificio administrativo. Unha vez analizado decidirase se debe ser exposto ao público e se é conveniente buscar máis pezas na zona onde se localizou.

A decisión da familia de presentar a peza á Xunta é acorde coa lexislación autonómica en materia de patrimonio. Así, o artigo 99 da Lei 5/2016 do patrimonio cultural de Galicia recolle que “os achados arqueolóxicos casuais, producidos por azar, como consecuencia de remociones de terras, demolicións ou obras de calquera tipo”. Con todo, a mesma lei destaca tamén que a Xunta pagará o 50% do seu valor. Toda a noticia en La Voz.

Scott Tuke: Bluebells

08 maio 2023

Not just another brick

Vicetto e o reino suevo

 "Dominaron os fillos do mar en Galicia desde o ano 409 ata o 586. Durante esa época, vinteseis reis subiron ao cumio do Pico Sacro". Benitto Vicetto foi o autor do primeiro gran libro sobre o reino suevo en 1860.

Unha especie de Señor dos Aneis adiantado ao seu tempo. Vicetto imaxinou o Pico Sacro como o lugar de coroación dos reis suevos, establecido desde o rei Hermerico. Os reis debían ser investidos no alto dunha gran e brillante pedra de cristal de rocha, localizada onde hoxe está a capela de San Sebastián.
Escenario épico para un país.
Vicetto dicía que o monte fora escollido porque aos seus pés se librara a última batalla entre os romanos e os suevos, no que estes se fixeron co dominio de Galicia.
Na tradición oral da zona había memorias dunha gran batalla que podían ter un bo fundamento histórico.
No ano 1121 alí librouse unha batalla entre a raíña Urraca, encastelada no monte, e o seu fillo, Afonso, o rei coroado na catedral de Santiago dez anos antes. Todo o episodio ten unhas connotacións que merecen un fío aparte. Pode ser que as memorias lembraran aquel momento épico.
Pero había outro detalle máis.
Nada menor.
Os suevos na altura non eran católicos, certo. Pero nesa idea de Vicetto de crear un 'lugar de memoria', fundacional, para o reino de Galicia no Pico Sacro subxacía algo interesante:
O reino non nacía nunha catedral. Nin da Igrexa.
Vicetto, recoñecido progresista, estaba constituíndo o momento do nacemento da nación nun lugar que era o alter ego, o espello pagán da catedral de Santiago (aínda que houbera unha capela alí). Un lugar de poder anterior á propia Igrexa.
A partir do ronsel de Vicetto, uns cantos autores imaxinaron escenarios e rituais da fundación do reino. A gran diferencia con Vicetto foi o enfoque. Vicetto pensouno en clave galega. Os seguintes aproveitaron ese imaxinario nacente para prestixiar o pasado das súas vilas.

El regalo envenenado de tus monstruos 🖤

06 maio 2023

Coroación

 “Yo, Carlos, profeso y declaro solemne y sinceramente en presencia de Dios que soy un fiel protestante y que, de acuerdo con las leyes que asegura una sucesión protestante al trono, defenderé y mantendré esas leyes”, afirmaba el rey con la mano en la Biblia.

03 maio 2023

O incerto señor don Hamlet, príncipe de Dinamarca

 XORNADA I


Unha sala no castelo de Elsinor. Paredes núas, afumadas. Onde non, pousa o mofo verde que brilla en esmeralda ou ouro vello cando roza a raiola do sol ou a luz das lámpadas. Á dereira unha grande escaleira de pedra que sobe á Torre dos Esperteiros. Á esquerda, unha cheminé; no fogar arde un lume canso. Altas bóvedas e podentes trabes de carballo. Unha única fiestra ao fondo, aberta sobre a néboa da mañá. Aquí e acolá, nas paredes, fiteiras e seteiras. A sala é terrea. Non se escoitan os pasos da xente. O coro baixa amodo pola escaleira. Un fato de xentes escuras, sen idade nin sexo, que vesten roupas pardas ou da cor do fume e do mofo, que arrimadas ás paredes, confúndense con elas. A parte do coro vana declamando como por quenda, as xentes estas, adiantándose do mesto grupo para dicila, e volvendo presto ao anónimo. Voces, as do coro, súbitas unhas, apaixonadas outras, outras graves e reflexivas.

ESCENA I
O Coro
Deténdose na metade da escaleira, apoiando as mans na baranda.
Benvidos a Elsinor, señores! Aquí en Elsinor todo temos pechado por mor do vento. Non hai no mundo lugar máis ventado que Elsinor. Todo ten que estar dentro: a xente, o gado, o xardín. E é por culpa do vento irado. A ninguén lle prace saír de Elsinor con tanto vento fóra, semellante a un grande exército ouveador que cercase Elsinor por toda unha longa noite. Por eso os de Elsinor somos xente de pálida pel. Quen sae ao campo en Elsinor?

Alquimia

Cunco xaponés (restaurado)

02 maio 2023

Méndez Ferrín: Señoras do pasado

 Mon prince on a les dam's du temps jadis qu'on peut

                                                Georges Brassens

E quíxenvos moi tristemente a todas
as que forades rapidamente eu (un pouco).
Unha luz nos lugares do estremecemento
e tardes coma rodas de bronce, interminábeis.
Poderosas mañás de rexurdimento e ollos no chan, de amor obtido.
E quíxenvos moi escasamente a todas
porque nas regandixas de eu caben ourizos e sufrir é amor
e nada para o tempo que destrúe os ourizos.
E quíxenvos (queréndome) coma un río que fose
dos meus ollos a vós, as tidas e perdidas,
limítrofes do amor, esquencidas para sempre.
E quíxenvos autente, e case non vos quixen
entre tanto artefacto, construción, mala pedra,
que nos ten envisgados
nas cousas, coma lentos navíos que mainamente esvaran.
Chamo por vosoutras, nomes apenas tatuados
no baleiro e no fume, e reclamo ese espacio
que deixáchedes e que cecais é globo (de lume e desespero).


Señoras do pasado, damas investigadas a través dos ensoños
sobre cabalos nidios, inmóbiles no outono de antano,
sen bris mesmo,
merci por un crepúsculo, ou acaso algún beixo,
ou polos poderosos erguementos do sangue,
ou por sorrisos líquidos a carón da magnolia.

Quíxenvos lenemente, e mesmamente fúchedes
capaces da captura dun anaco de sombra de min,
e fiquei menos.

Inútil esta ollada por derriba do tempo que me outorga silencio,
escamas, arruínas, borralla, meus ronseis.
Quíxenvos fuxidío, oh amigas de antonte,
meu espantoso espello neste solpor que vence.


Con pólvora e magnolias

01 maio 2023

Carboeiro

Curros Enríquez: O maio

Aí vén o maio
de flores cuberto ...

Puxéronse á porta
cantándome os nenos;
e os puchos furados
pra min estendendo,
pedíronme crocas
dos meus castiñeiros.

Pasai, rapaciños,
calados e quedos;
que o que é polo de hoxe
que darvos non teño.
Eu sonvos o pobre
do pobo gallego:
pra min non hai maio,
pra min sempre é inverno! 

Cando eu me atopare
de donos liberto
e o pan non me quiten
trabucos e préstamos,
e como os do abade
florezan meus eidos,
chegado habrá estonces
o maio que eu quero.

Queredes castañas
dos meus castiñeiros? 


Cantádeme un maio
sen bruxas nin demos;
un maio sen segas,
usuras nin preitos,
sen quintas, nin portas,
nin foros, nin cregos.